Blog de Arinda

OBJETIVO :En este Blog vas a encontrar mis producciones en pintura y escultura. Además, material recopilado a través de mi trabajo como maestra, directora e inspectora, que puede ser de interés para docentes y estudiantes magisteriales .

lunes, 27 de agosto de 2012

27 DE AGOSTO DE 1870 NACÍA AMADO NERVO

 UN GRAN POETA MEXICANO



José Amado Ruiz de Nervo que adoptó el seudónimo de Amado Nervo, nació en Tepic, Nayarit, México, en el año  1870.

Fue un poeta, autor también de novelas y ensayos, al que se encasilla habitualmente como modernista por su estilo y su época, clasificación frecuentemente matizada por incompatible con el misticismo y tristeza del poeta, sobre todo en sus últimas obras, acudiéndose entonces a combinaciones más complejas de palabras terminadas en "-ismo", que intenta reflejar sentimiento religioso y melancolía, progresivo abandono de artificios técnicos, incluso de la rima, y elegancia en ritmos y cadencias como atributos del estilo de Nervo.


Amado Nervo en sus primeros meses de vida, ca. 1970 (Colección Familia Padilla Nervo)
Fuente: Carlos Monsiváis, Yo te bendigo vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra, México, Editorial Raya en el Agua, 2007, p. 8


Retrato de Amado Nervo en su infancia
Fuente: Rogelio López Ordaz, Mosaico biográfico de Amado Nervo, México, Universidad de Nayarit, 1970

Cuando tenía nueve años murió su padre, dejando a la familia en situación económica comprometida. Otras dos muertes habrían de marcar su vida: el suicidio de su hermano Luis, que también era poeta, y el retorno "a la fuente de gracia de donde procedía" de su amada Ana Cecilia Luisa Daillez.
Retrato de Amado Nervo con sus padres y hermanos
Fuente: Rogelio López Ordaz, Mosaico biográfico de Amado Nervo, México, Universidad de Nayarit, 1970

Sus primeros estudios los cursó desde 1886 hasta 1891 en Michoacán; primero en Jacona, en el Colegio de San Luis Gonzaga, donde se destacó por su inteligencia y cumplimiento, después en Zamora estudió ciencias, filosofía y el primer año de leyes en el Seminario aun cuando abandonó los estudios rápidamente en 1891. Las urgencias económicas le hicieron desistir y lo obligaron a aceptar un trabajo de escritorio en Tepic y trasladarse después a Mazatlán, donde alternaba sus deberes en el despacho de un abogado con sus artículos para El Correo de la Tarde.

Los problemas económicos que atenazaron a su familia, un hogar de clase media venido a menos, le forzaron a dejar inconclusos sus estudios eclesiásticos, sin que pueda descartarse por completo la idea de que su decisión fuera también influida por sus propias inclinaciones. En cualquier caso, siguió alentando en su interior una espiritualidad mística, nacida sin duda en estos primeros años y que empapó su producción lírica en una primera etapa; en ella meditó fundamentalmente sobre la existencia humana, sus problemas, sus conflictos y sus misterios, y sobre el eterno dilema de la vida y la muerte.

Abandonados los estudios, empezó a ejercer el periodismo, profesión que desarrolló primero en Mazatlán, en el Estado de Sinaloa, y más tarde en la propia Ciudad de México, adonde se trasladó temporalmente en 1894. Sus colaboraciones aparecieron en la Revista Azul. Junto a su amigo Jesús E. Valenzuela, fundó la Revista Moderna. Estas dos publicaciones fueron el resultado de las ansias e impulsos modernistas que aparecieron, en aquella época, en todos los rincones de la Latinoamérica literaria y artística.

En 1900, el diario El Imparcial lo envió como corresponsal a la Exposición Universal de París, donde residiría durante dos años. Entabló allí conocimiento y amistad con el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, quien más tarde diría de Nervo: "se relacionó también con el grupo de literatos y artistas parnasianos y modernistas, completando de ese modo su formación literaria."

Todos los estudiosos parecen estar de acuerdo en afirmar que adoptó los principios y la filosofía del Parnaso, grupo de creadores franceses que intentaba reaccionar contra la poesía utilitaria y declamatoria tan en boga por aquel entonces, rechazando también un romanticismo lírico en el que los sentimientos, las encendidas pasiones y las convicciones íntimas de los autores, interfiriendo en su producción literaria, impedían, a su entender, el florecimiento de la belleza artística pura.

Ana Cecilia Dailliez,

En París conoció a la que iba a ser la mujer de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, con la que compartió su vida más de diez años, entre 1901 y 1912, y cuyo prematuro fallecimiento fue el doloroso manantial del que emanan los versos de La amada inmóvil, que no vio la luz pública hasta después de la muerte del poeta, prueba de que éste consideraba su obra como parte imprescindible de su más dolorosa intimidad. Su Ofertorio supone, sin ningún género de duda, uno de los momentos líricos de mayor emoción, una de las joyas líricas más importantes de toda su producción poética.

  Amado Nervo como diplomático en Madrid (ca. 1910)
Fuente: Escritores en la Diplomacia Mexicana, tomo I, México, Secretaría de Relaciones Exteriores, 2003, p. 53

Cuando regresó a México, tras aquellos años decisivos para su vida y su formación literaria y artística, ejerció como profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, hasta que fue nombrado inspector de enseñanza de la literatura. En 1906, por fin, ingresó en el servicio diplomático mexicano y se le confiaron distintas tareas en Argentina y Uruguay, para ser finalmente designado secretario segundo de la Legación de México en España.

En 1918 recibió el nombramiento de ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, el que iba a ser su último cargo, pues, un año después, en 1919, Amado Nervo moría en Montevideo, la capital uruguaya, donde había conocido a Zorrilla San Martín, notable orador y ensayista con el que trabó estrecha amistad y que, a decir de los estudiosos, influyó decisivamente en el acercamiento a la Iglesia Católica que realizó el poeta en sus últimos momentos, un acercamiento que tiene todos los visos de una verdadera reconciliación.
Murió en  Montevideo, en el año 1919.

Sepulcro de Amado Nervo en la Rotonda de las Personas Ilustres (México).




La obra de Amado Nervo
Poeta y prosista, el valor de su prosa desmerece, sin embargo, si se la compara con sus producciones en verso. Nervo es, efectivamente, un auténtico poeta modernista, verdadero hijo literario de Rubén Darío, plenamente mexicano; las intuiciones religiosas de su juventud le inspiraron las páginas de sus Perlas Negras y sus Místicas (1898), en las que puede encontrarse su célebre A Kempis, cuyo encendido lirismo no podría ya superar el poeta.

Más tarde, su mexicanidad se atempera por su estancia y sus contactos en París; la influencia francesa y, sobre todo, la española y la latinoamericana, concretada en el indiscutible maestrazgo de Rubén Darío y Leopoldo Lugones, confieren al espíritu, el sentimiento y la obra de Amado Nervo una dirección menos mística, unas preocupaciones menos religiosas, aunque impregnadas de un panteísmo que le da mayor universalidad, un pálpito más liberal y humano.

Es la etapa en la que escribe sus Poemas (1901), seguidos en 1902 por El Éxodo y las flores del camino, Hermana agua y Lira heroica. El ciclo se cerrará en 1905 con la aparición de Los jardines interiores. Todas sus producciones muestran un exquisito refinamiento, una indiscutible preocupación por la perfección de la forma y el absoluto protagonismo de la estrofa dentro de la escritura.

En 1909 publica En voz baja, obra que supone el inicio de su andadura hacia la paz espiritual que, a raíz de la muerte de su amada, dará paso a la profunda transformación que vivirá el poeta y que, en consecuencia, impregnará toda su obra; no puede olvidarse que los conmovidos versos de La amada inmóvil fueron escritos en 1912, aunque sólo aparecieran póstumamente, en 1920. A la misma época pertenece también Serenidad (1914).

Luego, el lírico evoluciona cada vez más hacia una renunciación que pretende llevar hasta el terreno literario; hay en él una curiosa influencia de las doctrinas orientales, y su primitivo sentido más o menos místico se convierte ahora en una especie de aspiración al Nirvana. "La muerte es la libertad absoluta", nos dice en la prosa de Plenitud; este espíritu lo sostiene en el verso de Elevación, El arquero divino (de publicación póstuma) y El estanque de los lotos (1917).

Sus actividades como prosista se iniciaron con El Bachiller (1896), novela corta de carácter autobiográfico. Son evidentes en la narración las influencias y las aspiraciones naturalistas, sobre todo en lo que respecta a la presentación de los aspectos más desagradables y sórdidos de la realidad. Autor prolífico, hizo también numerosas incursiones en otros muchos géneros, como el cuento breve, el ensayo y la crónica; destaca entre ellos su estudio sobre sor Juana Inés de la Cruz, publicado con el título de Juana de Asbaje (1910).

Una recopilación de sus obras en prosa ya conocidas y de otras inéditas hasta entonces apareció póstumamente en la edición que, en 1938, publicó Alfonso Méndez Plancarte, acompañándola por el estudio Mañana del poeta. Entre sus obras narrativas merecen citarse Pascual Aguilera, El domador de almas, los cuentos de Almas que pasan (1906) y algunas de las novelas cortas y narraciones escritas en los años postreros de su vida. Sus Obras completas, ordenadas por el escritor y humanista Alfonso Reyes, que se encargó de la edición, aparecieron en Madrid, de 1920 a 1928, en veintinueve volúmenes.

 Retrato de Amado Nervo
Fuente: Rogelio López Ordaz, Mosaico biográfico de Amado Nervo, México, Universidad de Nayarit, 1970

Obras

    El bachiller, novela de juventud (1895).
    Perlas negras, poesía (1896).
    Místicas, poesía (1898).
    Poemas publicados en París (1901).
    El éxodo y las flores del camino, poesía (1902).
    Lira heroica, poesía (1902).
    Los jardines interiores, poesía (1905).
    Almas que pasan, prosa (1906).
    En voz baja, poesía (1909).
    Ellos, prosa.
    Juana de Asbaje, ensayo, biografía de Sor Juana Inés de la Cruz (1910).
    Serenidad, poesía (1912).
    Mis filosofías, ensayo (1912).
    Elevación, poesía (1916).
    El diablo desinteresado, novela (1916).
    Plenitud, poesía (1918).
    El estanque de los lotos, poesía (1919).
    El arquero divino, poesía., también póstuma (1919).
    Los balcones, novela (1922).
    La amada inmóvil, poesía, obra póstuma en cuanto a su publicación (1922).
    Gratia plena
    La raza de bronce
    Éxtasis       

 POEMAS
     
   
El barquito de papel

Con la mitad de un periódico

hice un barco de papel,

en la fiente de mi casa

le hice navegar muy bien.

Mi hermana con su abanico

sopla, y sopla sobre él.

¡Buen viaje, muy buen viaje,

barquichuelo de papel!

Amado Nervo 

MANUALIDAD BARCO DE PAPEL
PARA CLASES INFERIORES






La ardilla

La ardilla corre,
la ardilla vuela,
la ardilla salta,
como locuela.
-Mamá, la ardilla
¿No va a la escuela?
Ven, ardilla,
tengo una jaula
que es muy bonita.
No, yo prefiero
mi tronco de árbol
y mi agujero.

Amado Nervo

ORIGAMI ARDILLA - PARA CLASES SUPERIORES



HOMENAJES

Estatua de Amado Nervo en la entrada oriente de Tepic
Foto: Cortesía de Hugo H. Rodríguez


Sello Postal




FUENTES:
http://es.wikipedia.org/
 http://bib.cervantesvirtual.com/
http://www.biografiasyvidas.com

domingo, 26 de agosto de 2012

TÉCNICAS DE DIBUJO Y PINTURA

DIBUJAR UNA GOTA DESLIZÁNDOSE
 Artista plástico Leonardo Pereznieto




PINTAR GOTAS DE ROCÍO SOBRE  ROSAS
 Artista plástico Rinaldo Escudeiro





PINTAR UNA MANZANA
Artista Plástica Nanci Grott de Carvalho




sábado, 25 de agosto de 2012

25 DE AGOSTO DE 1825 - DECLARATORIA DE LA INDEPENDENCIA

A TRAVÉS DE  LA MIRADA DEL POETA  ÁLVARO FIGUEREDO

Hoy 25 de Agosto se cumplen 187 años de la Declaratoria de la Independencia realizada a orillas del río Santa Lucía en el entonces pueblo de La Florida. Para recordarlo dejo este hermoso poema de uno de los tantos poestas uruguayos.


Declaratoria de la Independencia - Eduardo Amézaga

 Romance de la Declaratoria de la
Independencia
  El acta de Independencia
los diputados redactaban.
Don Juan Francisco Larrobla
dicta con palabra tarda
lo que escribe con pluma
prolijamente cortada.

Un callado amor azul.
blanco y rojo los embarga
que la luz del patrio día
resplandece en la ventana
y la mitad de las negras
vestiduras les destaca.

Ya el rancho dejan, ya cruzan
con grave ritmo la plaza.
toda Florida va en pos
en comitiva apretada.
Ya doblan al este, ya
la solemne caravana
andada la cuadra sexta
Se allega a la Piedra Alta.
Los diputados la trepan
para dar lectura al acta,
cada cual digno en frac
y Larrobla en su sotana.
La voz del lector flamea
ya azul, ya roja, ya blanca,
como recóndita seda
con los colores del alma.
Vivas y aplausos conmueven
la brisa sabrosa y calma;
en el aire hay no se sabe
si palomas o campanas;
la corriente del arroyo
dobla la rodilla y pasa...

Álvaro Figueredo


Transcribo parte de lo publicado por EL PAIS digital el Viernes 04.04.2008 en la sección Cultural  

 Antología de Álvaro Figueredo (1907-1966) 
 El inolvidable poeta secreto 
 Alfredo Fressia 


 Alvaro Figueredo y su esposa Amalia Barla
 
ÁLVARO FIGUEREDO nació en Pan de Azúcar el 6 de setiembre de 1907. Cursó estudios secundarios y magisteriales en Montevideo. En 1932 se recibió de maestro y vuelto a Pan de Azúcar trabajará allí en la Escuela y el Liceo. En 1935 se casó en Maldonado con Amalia Barla, maestra y poeta fernandina, con quien tuvo dos hijos: Álvaro Tell y Silvia Amalia.
En 1936 publica su primer libro, Desvío de la estrella, y edita el periódico literario Mástil. Desde esas páginas convoca al primer Congreso de Escritores del Interior, que se realiza en 1938 en el Ateneo de Montevideo.
En 1944, en Florida, al pie de la Piedra Alta, lee su "Canto a la Independencia Nacional". En 1946 recibe una mención especial en los Jugos Florales de México por su "Canto a Iberoamérica". En ese mismo año recopila en Estampas de nuestra tierra sus colaboraciones en la revista escolar El grillo.
Con su "Exaltación de Bartolomé Hidalgo", obtiene en 1952 el primer premio del concurso literario del Ministerio de Instrucción Pública. Mundo a la vez, su segundo libro de poesía aparece en 1956. Diez años después es designado miembro correspondiente de la Academia de Letras. Escribió varios ensayos literarios sobre Rodó, Francisco Espínola, Roberto y Sara de Ibáñez, María Eugenia Vaz Ferreira, Esther de Cáceres, Cervantes y José Martí, entre otros.
 Murió en su casa de Pan de Azúcar el 19 de enero de 1966. El liceo y una calle de su ciudad llevan su nombre.

DE LOS VARIOS enigmas que rodean la obra del poeta Álvaro Figueredo (Pan de Azúcar, 1907-1966), uno es siempre reiterado por los asedios críticos, a saber, la inexplicable distancia que se estableció siempre entre esa obra admirable y el reconocimiento público, demasiado precario, al menos para una obra poética estupenda como fue la suya. En el Prefacio de su Poesía (1974), Arturo Sergio Visca decía: "Álvaro Figueredo es, sin duda, uno de los mayores poetas uruguayos, aunque su obra, todavía poco difundida, no ha alcanzado aún el amplio reconocimiento (o, mejor, conocimiento) que se le debe". Más de treinta años después, en la presente Antología poética del autor, prologada por Jorge Albistur se lee: "El país no fue generoso con él y pagó con el silencio su elegante soledad aldeana".
Se ensayan explicaciones para esa falta de repercusión. Para Visca, Figueredo "vivió siempre obsedido por el acto creador, que es lo sustantivo, y no por la ambición publicitaria, que es lo accesorio". La reserva que sería propia de su carácter -humildad y cierta comprensible soberbia, agrega Albistur- explicaría que el poeta haya publicado sólo dos libros, y con una distancia de veinte años entre sí (Desvío de la estrella en 1936 y Mundo a la vez en 1956). Los otros muchos poemas quedaron desperdigados en diarios y revistas. Hasta ahora las publicaciones póstumas han sido la poesía para niños de El ABC del Gallito Verde, de 1977, los cuentos reunidos en la Revista Nacional en 1976 y algunos ensayos de temas literarios, y porque Figueredo fue efectivamente maestro y profesor de Literatura, en Maldonado. La Poesía que Visca organizó en 1974 y la actual Antología… remedian en parte esa aparente incomprensión o esa indiferencia uruguaya frente a su obra.
SIEMPRE RECORDADO. Si se le permite un testimonio personal a este reseñista añoso, podría hablar de una experiencia diferente sobre la repercusión de la poesía de Figueredo. Hace cuarenta años, cuando este reseñista estudiaba Literatura en el IPA -y es útil recordar que Figueredo había fallecido dos años antes, en 1966- ya hablábamos de esa incomprensión, pero paradójicamente, sus poemas circulaban entre nosotros en copias -hechas muchas veces a mano, incluso porque entonces era engorroso hacer fotocopias. Entre aquellos estudiantes por lo menos una le dedicó un trabajo crítico (fue Miryan Pereyra), y algunos de ellos recitaron de memoria durante décadas poemas de Figueredo (Graciela Míguez era una de ellos). En 1985, cuando el reseñista pudo volver al país, entró en contacto personal con los miembros de la generación llamada de UNO, y se sorprendió con el entusiasmo de aquellos jóvenes por "un poeta olvidado", "que nadie lee", decían indignados, y del que hacían fotocopias o copias a mimeógrafo -hablo de poetas como Luis Bravo, Macachín, Héctor Bardanca, y muchos más, en aquel local que alquilaban para sus conspiraciones culturales en la calle Pérez Castellano.
Admirado en los ´60, editado en los ´70, literalmente copiado y divulgado en los ´80, siempre recordado y ahora reeditado en los años 2000, parece difícil hablar de escasa difusión o aun de silencio. Más bien, Figueredo fue y es un poeta "de culto". El Uruguay, una sociedad de fuerte formación positivista, nunca fue generoso con sus poetas. Y, considerando las veces en que fue aparentemente pródigo (recordar a Juana de Ibarbourou), uno definitivamente desea a los grandes poetas, que de hecho el país ha dado, el curso "subterráneo" de los buenos lectores, que casi parecen elegidos por la obra (y no al contrario), antes que esa temible prodigalidad "oficial", escolar, propia de apresurados programas de literatura.
Naturalmente, críticos de la inteligencia y la sensibilidad de Visca y Albistur no están pensando en los pueriles oropeles de la gloria escolar, más bien se escandalizan al comprobar que un poeta como Figueredo no ocupa en mayor grado el interés de nuestra academia, pero se puede aventurar que esa carencia concierne a toda la poesía uruguaya, y a casi todos los buenos poetas nacionales. Sin duda es verdad que la calidad estética de la obra de Figueredo nos desafía aun más, en el sentido de que uno querría que todos estudiaran esa obra, con esa especie de urgencia por compartir un placer estético de la que hablaba Carlos Real de Azúa.
Sin embargo, los buenos lectores de poesía no se miden cuantitativamente. No es demérito para nadie decir que hay una historia secreta de la poesía uruguaya, y que Figueredo es de los primeros poetas en esa historia indiferente a estatuas y a dudosos premios ministeriales. Es una rica, densa, compartida tradición de lectores entusiastas, y es en esa historia, íntima, y no en la "oficial" que todo poeta desea tomar parte.
EXIGENTE Y GENEROSO. Por otro lado, hay que admitir que Figueredo no es un poeta que acepte lecturas obvias, ni siquiera sencillas. Por el contrario, se trata de un poeta muy sofisticado, que exige mucho de la inteligencia, de la sensibilidad y de la cultura del lector. Su obra tiene por cierto muchas zonas. Organizada por temas, y con algunas partes cronológicas, esta Antología… exhibe las siguientes partes, o "movimientos": "Desvío de la estrella", "Mis otros", "Fábula y paisaje", "Históricos y regionales", "Las flechas". "El poeta; los poetas", "Umbral a ´Mundo a la vez´", y "Poemas posteriores a ´Mundo a la vez´" (se excluye Mundo a la vez por ser objeto de una edición separada).
Pues bien, si alguien imaginara que los poemas "Históricos y regionales" pudieran ser de lectura más "simple", se equivocaría de entrada. "Canto a Iberoamérica", "Canto a Artigas", "Exaltación de Bartolomé Hidalgo", por mencionar algunos, son soberbios objetos idiomáticos, poemas en alejandrinos muy cuidados, llenos de alusiones, bordados sobre campos semánticos inesperados, regiones que exigen un lector por lo pronto informado (algo que la educación uruguaya garantiza cada vez menos, o muy precariamente). Afortunadamente la edición contó con un prefacista como Albistur para poder aclarar, por ejemplo (y para muestra baste este botón), que el verso en cuestión es "propio del mester de clerecía", e iluminar así un verso de la "Exaltación…" que ve a Hidalgo "voceando tu dramático mester de gauchería".
Lo mismo se podría decir de los poemas de la parte "Fábula y paisaje", que se abre con la memorable "Fábula del toro", la de "El toro estaba muerto, y no quería/ morir al mediodía". Ni que hablar de los tres sonetos de "Las flechas", que constituyen un desafío a la inteligencia (y a la información: es casi imposible leerlos sin conocer a Virgilio o las ideas de Zenón de Elea).
YO EL FRAGMENTADO. Pero tal vez la región de la obra de Figueredo que más instiga a sus lectores, y que garantiza su modernidad, es la que se centra en el tema de la "fragmentación" del yo (poemas que aquí entran en "Mis otros"), llamado también "tema de la alvaridad". "Así me encontré una vez/ con Álvaro Figueredo,/ en un rincón de mi casa/ un crepúsculo de invierno." "El mar estaba sin ojos/ ese miércoles de enero,/ y se trenzaba la barba/ con los olvidos del tiempo". Son todos versos del "Romance a Abel Martín", que introduce al tema del yo fragmentado, la otredad, el tiempo y la muerte, situados entre un niño, casi constante, y un miércoles, curiosa premonición de su muerte que de hecho ocurrió el miércoles 19 de enero de 1966. Por lo demás, quien quiera ver en esto un indicio que pueda propiciar una lectura ocultista de la obra de Figueredo no equivocará el rumbo. Hay, en efecto, todo un tejido oculto y astrológico en esta obra al mismo tiempo exigente y generosa.
El más célebre de los poemas del yo fragmentado (dentro de la "celebridad" de un poeta de culto en la "historia secreta" de la poesía nacional) parece ser -en la experiencia de este reseñista- "Narciso enlutado", de 1947, el soneto que empieza: "Abro el umbral del Álvaro en que moro,/ junto en mi voz el Álvaro a que aspiro./ Doy un Álvaro al aire, si suspiro,/ y arrojo al mar un Álvaro, si lloro." Como mera opción personal, es posible que se prefiera "Tennis", el elegante poema del "Malabarista de Álvaros" ("Lanzo un Álvaro al cielo y lo abandono").
Figueredo fue el poeta uruguayo más radical en esa fragmentación del yo, y no sorprende que generaciones de lectores de Rimbaud, Robert Browning, Charles Baudelaire, W.B. Yeats, Valéry Larbaud o Fernando Pessoa adhieran inmediatamente a esta experiencia poética poderosa y perturbadora. Es literalmente una "experiencia poética" ("poetical experience") en el sentido (también "fragmentado") que le atribuye William Wordsworth en el prefacio de 1800 a sus Lyrical Ballads, a saber, "La experiencia poética es el flujo espontáneo de poderosos sentimientos: se origina en la emoción que se vuelve a producir en la tranquilidad. Tal emoción es contemplada hasta que, por una especie de reacción, la tranquilidad gradualmente desaparece y paulatinamente se produce una emoción semejante a aquella que es producida ante el sujeto contemplativo y cobra existencia real en la mente" (Entremundos, reflexiones sobre literatura, cultura y política internacionales, de Andrés Ordóñez, Siglo XXI, México-Buenos Aires, 2004). La "experiencia poética" de Figueredo es propia de la modernidad, y si probablemente no se puede citar a Pessoa entre sus antecedentes, se puede sí recordar este poema de Juan Ramón Jiménez:
"Yo no seré yo, muerte,/ hasta que tú te unas con mi vida/ y me completes así todo;/ hasta que mi mitad de luz se cierre/ con mi mitad de sombra/ -y sea yo equilibrio eterno/; en la mente del mundo:/ unas veces, mi medio yo, radiante;/ otras, mi otro medio yo, en olvido./ Yo no seré yo, muerte,/ hasta que tú, en tu turno, vistas/ de huesos pálidos mi alma." ("Cenit", 1920).
Si es imposible, a esta altura, no recordar el soneto de Mallarmé a Edgar A. Poe ("Tel qu´en Lui-même enfin l´éternité le change"), un lector uruguayo definitivamente recordará a Álvaro Figueredo, nuestro poeta moderno, secreto, entrañable y, para su bien, olvidado del Uruguay oficial: "Si tanta rosa de Álvaro que he sido,/ cabe en mi mano, vuélvanse, en mi mano,/ el aire sueño, y la razón olvido,/ cuando la muerte; innumerable y breve,/ lea en mi pecho -rosa sin verano- / un tiempo abierto en página de nieve." ("Asidua muerte").
ANTOLOGÍA POÉTICA, de Álvaro Figueredo. Trilce e Intendencia Municipal de Maldonado, Montevideo-Maldonado, 2007, 185 págs.
Diario EL PAÍS digital

SU LUGAR EN EL MUNDO
Álvaro Figueredo frecuentaba Rincón de Olivera en los veranos, un paraje rural atorado entre el mar y la ruta Interbalnearia, a unos diez o quince kilómetros de Pirápolis.
Allí la paz del paisaje y el canto de las aves  llenaban su alma  de inspiración y belleza.

 Para saber más sobre LA DECLARATORIA DE LA INDEPENDENCIA hacer Click aquí

FUENTES
http://www.elpais.com.uy/
http://lamochila.espectador.com/

miércoles, 22 de agosto de 2012

HUMOR

YO QUIERO UN PERRITO COMO ESTE - 
¿Y ...QUIÉN NO ?






martes, 21 de agosto de 2012

21 DE AGOSTO DE 1891 NACE

 FLORENCIO MOLINA CAMPOS


Florencio Molina Campos  nació en la Ciudad de Buenos Aires el 21 de agosto de 1891.  Fue un dibujante y pintor conocido por sus típicos dibujos costumbristas de la pampa argentina.

Sus abuelos maternos, fueron don Manuel Ladislao Campo Escobar y doña Josefa Delfina Campos López Camelo, que vivían en una casa situada en la calle Lavalle 1693, de Buenos Aires.
Sus padres fueron don Florencio Molina Salas y doña Josefina del Corazón de Jesús Campos y Campos, ambos integrantes de viejas familias porteñas entroncadas con importantes personajes de la Colonia y de la historia nacional.
La familia  estaba relacionada con el ámbito castrense. Entre sus  ilustres y heroicos antecesores se cuentan los generales Luis María, Gaspar y Manuel Campos, entre otros.
Su educación se realizó en los colegios de Lasalle, El Salvador y Nacional Buenos Aires.
Sus padres tenían campos en los pagos del Tuyu y General Madariaga, en provincia de Buenos Aires, y Chajarí, provincia de Entre Ríos. 
Durante las vacaciones visita la estancia paterna de “Los Ángeles”, en el pago del Tuyú, (hoy Gral. Madariaga). Allí aprende a querer y a conocer profundamente a los hombres de campo y a enamorarse de los paisajes pampeanos que infinitas veces llevará a sus cuadros. En Los Angeles del Tuyú nace su vocación de dibujante y pintor costumbrista .

Alrededor del año 1905, la familia pasa a vivir  a “La Matilde”, en Chajarí, Entre Ríos, frente al río Uruguay. Tienen casa en Concordia, pero el placer de los varones es permanecer en el campo, con la gente de trabajo, visitando puestos, ayudando, para aprender el ancestral arte de los hombres del campo. Allí se prolongan los días felices de la niñez. 
El 26 de marzo de 1907, en Concordia, muere repentina e inesperadamente don Florencio Molina Salas, su padre. De allí en adelante su vida cambió. Comenzará a sentir nostalgia por el mundo perdido y a rememorar en sus obras las escenas camperas que lo harían famoso.

Florencia Molina fue un típico argentino, simpático, entrador, audaz, excelente bailarín, con un envidiable carisma del que se valía para amenizar las reuniones a las que concurría. Poseía un fuerte carácter, que rasaba en ocasiones el mal humor. Era amante de la música clásica, que escuchaba durante las noches mientras pintaba.
No tuvo una visión comercial de lo que hacía. Pintaba porque le gustaba pintar. Cuando por la guerra no entraba al país papel canson que utilizaba, pintó sobre cajas de ravioles, cuyo material reunía buenas cualidades como soporte de su arte. Jamás proyectó su obra a futuro. Vendía sus pinturas, sí, pero a precios sumamente módicos para la época, que sólo le permitieron vivir decorosamente. Pintó infinidad de cuadros, probando con diversas técnicas. 


 Beyaquendo Juerte

La ronda

De Ajó a Dolores

 Despuntando el vicio

Payador

El escritor y político uruguayo Eduardo Acevedo Diaz decía esto de Molina Campos y su obra:
“Florencio Molina Campos es uno de los guardianes de la Argentina vieja, esa que yo novelé en ‘Ramón Hazaña’ y en ‘Cancha Larga’.

“Se ha dicho mucho en justo elogio de las figuras humanas de este artista y poco de la notable presentación del paisaje de la antigua pampa. Porque la pampa de Molina Campos, no ha sido transformada por la agricultura. Bien la representa en sus cuadros, como cosa tendida en reposo, bajo un arco de cielo de la vastedad del marino, dándonos una idea de su silencio de vida, de aire de pensar las cosas. Cuando se la contempla o se la evoca, por sugestión de su arte, nos damos cuenta de que sus caracteres fisiográficos y estéticos, forjaron el modo de ser de sus antiguos habitantes.”
“Vemos renacer en su pincel, la llaneza de vida, es decir, vida no limitada, abierta como el paisaje; parsimonia en el hablar, y pensamiento reflexivo, equivalente a la sencillez de sus líneas, hospitalidad, consecuencia de lo que es vasto, sin amparo. Aquellos hombres, eran hijos del horizonte. Algunos han quedado, entre ellos Florencio Molina Campos. Por virtud de su pincel, los que pasaron, los muertos, son los sobrevivientes...”

 Requiloquios

Doma 

Entrevero

El 31 de julio de 1920 contrajo matrimonio en la Iglesia del Salvador con María Hortensia Palacios Avellaneda, hija de don Rodolfo Palacios y de doña María Avellaneda -integrantes de encumbradas familias tradicionales de nuestro país-, con la que inició su vida matrimonial en un departamento ubicado en la Calle Paraguay 339.
Se instala comercialmente en Florida 470 bajo el rubro “F. Molina Campos y Cía. Comisiones en general”. Al año siguiente nace su hija Hortensia María y en diciembre debe disolver la firma por problemas económicos.
El 11 de junio de 1921 nació su hija, Hortensia, a la que llaman "Pelusa". 
En 1924 el matrimonio se separó de hecho, quedando la tenencia de Pelusa a cargo de su madre María Hortensia. 
Pelusa, luego de un largo noviazgo, contrajo enlace con don Antonio “Buby” Gimenez, hijo único de una familia castrense tradicional participante de las históricas expediciones al Desierto. Transcurridos 11 años de matrimonio, nació su hijo, Gonzalo Gimenez Molina nieto de Florencio Molina. 

Carrera de sortijas

 El patrón

El Pericón


En el año 1926 realiza su primera exposición en la Sociedad Rural de Palermo con gran éxito. El presidente de la nación el doctor Marcelo T. de Alvear visita la misma y le nombra profesor de dibujo del Colegio Nacional Nicolás de Avellaneda, donde por 18 años dictó cátedra con el convencimiento, según decía, de sentirse “mejor maestro que dibujante”.


 Ese año fue clave en la cultura de Argentina: Roberto Arlt publicó su primera novela "El juguete rabioso" en el cual quedó expresada la conflictividad social y subjetiva de las grandes ciudades argentinas; "Los desterrados" relatos casi póstumos de Horacio Quiroga quien representa en ellos el exilio interior ante una vida urbana insoportable y un ámbito rural clientelizado y, más cerca de la obra pictórica de Molina campos aunque en lugar del tono expresionista jocoso con un tono trágico terminal el "Don Segundo Sombra" de Ricardo Güiraldes; en efecto, en cierto modo existe una gran relación entre la obra pictórica de Molina Campos y la literaria de Ricardo Güiraldes, pero a la vez con tremendos contrastes: Molina Campos pinta a sus personajes con un humor melancólico que entonces aparece entre un aparente naïf y un cierto expresionismo, en cambio Güiraldes retrata literariamente a los gauchos con una suma melancolía. 

Durante una exposición que llevó a cabo en Mar del Plata en el año 1927, Florencio conoció a una joven mendocina, María Elvira Ponce Aguirre, a la que no volvió a ver por un largo período. Años después formaron pareja y convivieron hasta la muerte de Florencio en el año 1959. Como en la Argentina no estaba legalizado el divorcio, y por lo tanto no se permitía el casamiento de personas separadas, la pareja contrajo matrimonio sucesivamente en Uruguay en 1932, Estados Unidos en 1937 y, finalmente, por civil en Buenos Aires el 9 de marzo de 1956, favorecidos por la Ley Perón.

En 1930 publica en el diario La Razón la serie Picapiedras criollos. 




El 14 de marzo de 1930 Alpargatas S.A., aceptan la confección del almanaque del año 1931, que consistió en doce obras gauchescas ejecutadas al gouache con una visión idealizada y costumbrista. Las cuales tienen difusión a nivel internacional. 
 Estos almanaques continuarán hasta 1936 y luego se imprimirán en una segunda etapa desde1940 hasta 1944. De inmediato, el público rural los adopta y colecciona sus números mes a mes.

En 1931 el pintor realizó su primer viaje a Europa y expuso en París. Más adelante viajaría infinidad de veces, invitado por diferentes gobiernos como representante cultural argentino. Fue profesor de las nuevas generaciones, tanto en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda como en Bellas Artes. 

El 21 de junio de 1932 contrae matrimonio por segunda vez con María Elvira Ponce Aguirre. En ese año la Comisión Organizadora de la Exposición del Centenario de Concordia le solicita que participe con sus cuadros en la misma. Concordia está muy unida a sus recuerdos; allí fue feliz en su juventud y allí también murió su padre. No sólo participa en la muestra, sino que dona un cuadro a beneficio del Hospital local.

En el año 1937, tras obtener una beca de la Comisión Nacional de Cultura, viaja a Estados Unidos. Donde contrae matrimonio en segundas nupcias con María Elvira Ponce Aguirre, el 21 de diciembre se casa con el aval de la ley Estadounidense.

En 1938 realiza una exposición en el English Book Shop de Nueva York.


Entrada a los Estribos


 Continuamente viajaba por el interior visitando estancias y amigos, pero buscaba afanosamente "su lugar" para instalarse fuera de la ciudad. Y lo encontró en Moreno, a orillas del río Reconquista.
Allí, construyó su rancho al cual puso de nombre Los Estribos, en honor a la marca que utilizaba la familia Molina Campos para el ganado, característica en todas las obras de Florencio y que son dos estribos cruzados.

En 1939, lo contratan firmas norteamericanas para efectuar publicidad comercial, a través de campañas de seguridad, avisos a doble página en las más afamadas revistas y cartelones en los caminos. En 1943, lo contrata la firma Minneapolis para sus almanaques y los célebres gauchos de Molina Campos ganan la calle, copan los bares, los ranchos del Oeste norteamericano y las instituciones públicas y privadas los piden como testimonio. Sus cuadros figuran en el Museo “Horse of the Americas”, en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y es el único artista extranjero expuesto en la Galería de Charles M. Russell, de Montana.

Cesáreo Bernaldo de Quirós, decía de Molina Camposl: “Molina Campos es el creador personalísimo de ese personaje que, derivando del gaucho legendario, a quien tanta gloria le cupo como soldado de Libertad y como montonero en las guerras intestinas, gesta sus últimas bizarrías dentro de su natural coraje. ...Su lápiz y su pincel fueron requiriendo trazos que la imaginación opulenta, bizarra, del artista, marcaba en el papel. Solo, sin academias ni maestros, traduciendo esa verdad que llevan los predestinados, fue contando Molina Campos todo lo que sabía y había percibido en el campo abierto, en el 'rodeo', en las 'fiestas', en la 'pulpería', y en ese enorme conocimiento de 'pilchas' y sus nombres, y pelos y marcas de 'montados'... Así fue plasmándose ese personaje suyo, el gaucho: el Gaucho de Molina Campos.”

Florencio Molina y Walt Disney

El gauchito volador

Goofy Goes Gaucho

En 1942, Walt Disney lo contrató para sus estudios en carácter de asesor, para la realización de varias películas de ambiente argentino. Esta relación profesional duró poco tiempo, ya que Molina Campos objetó la falta de rigor documental de los dibujos producidos en los Estudios Disney "el fausto" .
La relación de amistad perduró durante toda la vida, pero se malogró la idea de recrear sus queridos paisanos junto con Disney. De todos modos, su obra quedó plasmada en “Goofy Goes Gaucho” y “The Flying Gaucho”, presentados en la Argentina como “El burrito volador”. También colaboró en “Saludos Amigos”, una película que narra el viaje de Disney por Sudamérica. 


En ese año 1942  ilustra el “Fausto” de Estanislao del Campo, editado por la editorial Kraft.

En 1944, el pintor formalizó un contrato que se extendería por 10 años en forma consecutiva con la firma norteamericana Mineapolis-Moline, para la que ilustró entre 1944 y 1958 una serie de almanaques similares a los de Alpargatas, pero que incluyeron - por sugerencia suya- maquinaria agrícola de esa empresa. Además efectuaron afiches, estampillas y naipes y se reprodujeron los cuadros en diarios y revistas.

En 1946, “Vida Gaucha”, libro de texto para estudiantes de español en Estados Unidos. 
Dejó completos los dibujos para una edición de la “Tierra Purpúrea” de G. H. Hudson, y bosquejó ilustraciones para el “Martín Fierro” y “Don Segundo Sombra”.

En 1950 conquistó el Premio CLARIN, Medalla de Oro del V Salón de Dibujantes Argentinos.

En 1951, editaron también 12 laminas de los originales de ese año. 


En 1956 actuó en el cortometraje “Pampa Mansa”, que fue presentado en el Festival de Berlín, donde estuvo presente.

Luego del Festival de Berlín y ya de regreso al país, llevó a cabo en la galería Argentina, la que sería su última exposición. Estuvo integrada por 80 obras y el éxito fue total: se vendieron 70 cuadros. 
Tras el evento, el 16 de noviembre de 1959, se internó para hacerse una operación  donde falleció por una complicación cardíaca.
Florencio Molina Campos murió en Buenos Aires. Sus restos permanecieron en la bóveda familiar de la Recoleta hasta que, en la década del 70, fueron trasladados a instancias de Elvirita al Cementerio de Moreno, en donde permanecen.

Una treintena de exitosas exposiciones hicieron conocer sus originales en el país, en los Estados Unidos –donde tuviera en Edward Larocque Tinker un ferviente admirador-, en Francia y Alemania. Sus cuadros se encuentran en numerosos museos y colecciones privadas del mundo y realizó paneles para la South American House de Londres, ciudad en la que contaba con destacados admiradores.

El crítico de arte Rafael Squirru escribió en la Carpeta N° 1 Florencio Molina Campos, Buenos Aires, 1972: “Como pocas, la obra de Molina Campos plantea la espinosa problemática del creador en Argentina, desde su significado social hasta las peculiaridades de su estilo. El género caricaturesco al que pertenece el grueso de su producción, oscurece hasta cierto punto la trascendencia estética que, sin duda, tuvo desde sus comienzos. Aunque se conservan pocos dibujos de Molina, es evidente que, en ese aspecto que Ingres llamó la probidad del arte, es donde descuella la seguridad de un trazo fino y agudo puesto al servicio de su propia imaginería.”

Cuando Florencio Molina Campos murió, al decir de su amigo Edward Larocque Tinker, “el mundo perdió un genio que había dedicado su vida a llevar alegría a un mundo en tensión, por eso, qué mejor epitafio pudo haber tenido que este: Hizo sonreír mucho a millones”.
En vida  Molina fue miembro de numerosas instituciones culturales, artísticas, profesionales y folklóricas y sostenedor ferviente de la tradición de la patria que tanto amó.

Actualmente su única hija y su nieto dirigen F. Molina Campos Ediciones, única firma autorizada para editar productos con sus imágenes, con oficinas en Buenos Aires. Conjuntamente con la Fundación Florencio Molina Campos son quienes fomentan la difusión de la obra de este artista, emblema de argentinidad a nivel mundial.

HOMENAJES

SAN ANTONIO DE ARECO.- Museo que lleva el nombre de Molina Campos y que reúne 65 obras, recuerdos, fotos, libros y cuadros procedentes de la colección Octavio Caraballo (Fundación Las Lilas), impulsor de un proyecto.

 Monumento a Molina Campos en Escobar


FUENTES:

http://www.molinacampos.net/
http://es.wikipedia.org/
http://www.molinacampos.org/



sábado, 18 de agosto de 2012

18 DE AGOSTO DE 1781- NACE JOAQUÍN SUÁREZ

UN GRAN PATRIOTA ORIENTAL
 JOAQUÍN SUAREZ


Joaquín Luis Miguel Suárez de Rondelo y Fernández nació en Villa de Canelones, el 18 de agosto de 1781. Fue un  político uruguayo, prócer de la independencia y Presidente de Uruguay.
Sus padres fueron Bernardo Suárez y de doña Antonia López Aviles.
A fines del siglo XVIII su padre, Bernardo Suárez del Rondelo, fue uno de los primeros pobladores de Villa de Guadalupe del Canelón. Se estableció en estas tierras, y con su trabajo en el medio rural, llegó a ser un hacendado con un importante capital.
Bernardo Suárez llegó a ser una persona muy respetada, quien obtuvo ciertos cargos y honores. Por ejemplo: obtuvo el grado de Capitán del Ejército Español debido a su actuar en la guerra contra los portugueses; cuando Canelones se convirtió en un paraje importante por su creciente población, se constituyó el primer Cabildo en el año 1782, donde Bernardo Suárez fue electo para desempeñar el cargo de Alguacil Mayor. También se desempeñó en la faena en un campo que obtuvo en Cerro Largo, lo cual le sirvió para hacer conocido en  la campaña, más allá de Guadalupe. 
Debido a su actuar como hombre de campo o latifundista, y su posición importante como hacendado de la campaña, fue nombrado diputado del Gremio de Hacendados frente a la Junta Económico Directiva del Cuerpo de Hacendados en 1805.

También tuvo importante participación en la fundación de la Villa de San Fernando de la Florida, debido a su cercanía e importancia en los alrededores de dicha zona.

Las actividades de Don Bernardo Suárez en la causa independentista, como su participación en la guerra de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra el Imperio del Brasil entre 1825 y 1828, al permitir que se estableciera el Cuartel General en las cercanías de su estancia en Cerro Largo, así como el permiso que le brindó a estas fuerzas para hacerse de la cantidad que necesitara de cabezas de ganado, habría brindado el apuntalamiento de los valores emancipadores que, posteriormente llevó adelante Joaquín su hijo.

Existió una relación  entre padre e hijo muy estrecha, como lo muestran la comunicación epistorlar que ambos mantuvieron.
En 1780, Bernardo Suárez contrae matrimonio con María Fernández, nacida en Montevideo, y el 18 de agosto de 1781 nace Joaquín Luís Miguel Suárez, quien vivió en el medio rural hasta  la muerte de su madre cuando tenía trece años de edad. 
Este hecho lo llevó a unirse aún más a su padre. 
Cuando tenía 13 años, a poco de la muerte de su madre, se mudó con su padre desde la hacienda en donde vivía a la ciudad de Montevideo para recibir educación formal. 

 Físicamente, Joaquín era una persona de estatura baja, de facciones regulares, con pómulos algo pronunciados, cabello fuertemente emplazado, prolongada frente que ostentaba un lobanillo en su parte media y central, con cuerpo delgado pero fuerte.

Con el pasar de los años se dedicó al comercio, actividad que tenía gran pujanza en el Montevideo de entonces; administró algunas propiedades rurales de su padre lo cual lo pusieron nuevamente en contacto con la campaña.

En 1806 Joaquín se casa con María Josefa Álamo en la Villa de Guadalupe. 
Junto a Josefa, Joaquín se convierte en padre de 8 hijos, dos de los cuales fallecen al poco tiempo de haber nacido.

Joaquín Suárez se integró a los grupos criollos independentistas de Montevideo que se reunían en secreto para cuestionar el gobierno colonial. Como capitán de milicias realistas, captó a muchos soldados y oficiales que participaron del pronunciamiento emancipador del 28 de febrero de 1811.
La presencia de Suárez en la milicia patriota que comandaba José G. Artigas atrajo a muchos pobladores del sur de la Banda Oriental, región en la que contaba con una gran estima y autoridad. Participó del combate de Las Piedras y luego en el sitio de Montevideo, pero debe partir en el éxodo que siguió al armisticio entre el Virrey Elío y el gobierno porteño.
Regresó en 1814 junto a Artigas para retomar el sitio a Montevideo. Esta vez, las tropas patriotas lograron desalojar a los realistas. Pero Suárez se enfrentó a Artigas por causa de las intrigas políticas que comenzaron a recorrer el bando patriota. Decidido a no participar en los complots, renunció a su puesto militar y se retiró a su hacienda.
Cuando los portugueses invadieron la Banda Oriental desde Brasil, Suárez se mantuvo ajeno a los pedidos de los ocupantes y sus partidarios para que participara del gobierno. Por el contrario, desde 1816 comenzó a reclutar hombres y a tejer alianzas para formar una fuerza que desalojara a los portugueses.
En 1825 se produjo la llegada a tierra uruguaya de los 33 Orientales, una fuerza patriota dirigida por Juan Antonio Lavalleja que estaba decidida a desalojar a los invasores. En su marcha a Montevideo, pasaron por la estancia de Suárez en donde recibieron provisiones y dinero para solventar su campaña.
Desalojados los portugueses, fue electo diputado en el Congreso Constituyente que declaró a Uruguay independiente del imperio brasileño y las Provincias Unidas el 14 de junio de 1825. Fue electo diputado y como tal promovió la protección de la producción local y un código legal que garantizara el respeto de los derechos y obligaciones de los ciudadanos.
En julio de 1826 fue electo gobernador de la Provincia Oriental. Desde allí se dedicó a organizar el gobierno y sus iniciativas incluyeron la protección de la libertad de prensa, la promoción de la educación, el establecimiento del orden público y de un sistema legal fuerte. Paso sus años entre cargos legislativos y ejecutivos con la misma línea ideológica progresista.

María Josefa Álamo de Suárez

El primer pabellón nacional, según la historia recogida por la familia Suárez, fue bordado por su propia esposa Josefa, para ser luego izado por primera vez por su marido el 1 de enero de 1829.

La primera bandera uruguaya fue creada en 1828-1830 y tenía 19 franjas. Su diseño fue modificado por Ley del 12 de Julio de 1830, dejando en el modelo definitivo nueve franjas horizontales, que se distribuyen, en cuatro azules y cinco blancas alternadas. La primera franja y la última son de color blanco. El dibujo del sol consiste en un círculo radiante, con cara, orlado de dieciséis rayos, con un diámetro de 11/15 del cuadro blanco.

El 19 de septiembre de 1831 fue convocado por el presidente Fructuoso Rivera para desempeñar el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, función a la que renuncia el 7 de noviembre de ese mismo año por no querer aprobar y firmar determinadas resoluciones que no compartía.

Fue electo en 1834 como diputado por Montevideo para la 2ª legislatura de la Cámara de Representantes,24 y al concluir su término fue electo senador por Cerro Largo.

En 1838 fue miembro de la Comisión Pacificadora que dio fin a la revolución riverista produciendo la renuncia de Manuel Oribe a la presidencia el 22 de octubre de ese año.

El 15 de febrero de 1839 resultó electo Presidente del Senado, en virtud de lo cual, ausente en campaña el general Rivera, pasó por primera vez al ejercicio de la Presidencia para desempeñarla casi un año. En 1842 promulga la ley aboliendo la esclavitud. A fines de ese año, el desastre militar de Rivera frente al ejército de Juan Manuel de Rosas en Arroyo Grande abrió las puertas del país a la invasión del general Manuel Oribe que, al frente de sus tropas uruguayo-argentinas, pudo llegar a las puertas de Montevideo, en febrero de 1843.

Resuelto a resistir a todo trance, Suárez asoció sus esfuerzos al grupo de hombres, civiles y militares que hicieron organizaron la defensa de la ciudad.

En 1844 participa en la Apertura de la Casa de la Moneda acuñándose la primera moneda nacional; en 1845 reglamentó los requisitos para poder ejercer la Medicina y Cirugía, así como reconoció la Independencia de la República del Paraguay.

En los ocho años de la Guerra Grande fueron abundantes los episodios de los que no se excluyen ni revoluciones, como la riverista de abril de 1846, ni motines de tropas, ni brotes de traición. Suárez actuó muchas veces como elemento conciliador, por encima de las diferencias.

Andrés Lamas, uno de los integrantes del gobierno que presidió, escribió de él: "Rosas y Oribe apellidaban de salvajes e inmundos unitarios a todos a sus enemigos; pero su única excepción cuando a él se referían siempre era Don Joaquín Suárez".

En 1846 disolvió por decreto la V Legislatura, y creó la Asamblea de Notables constituida por los ciudadanos más sobresalientes a su entender; el mismo día creó el Consejo de Estado, presidido por Alejandro Chucarro; en 1847 fundó el Instituto de Instrucción Pública; en 1848 declaró la libertad de enseñanza; en 1850 la Asamblea de Notables declaró que merecía por el bien de la patria la suma de 50.000 patacones del Tesoro Público, los cuales no aceptó.
 

Sucedió a Manuel Oribe al frente de la presidencia entre 1843 y 1851 durante el denominado Gobierno de la Defensa, llamado de este modo por enfrentar el asedio de las fuerzas de Fructuoso Rivera.

En 1851 disolvió la Asamblea de Notables y creó el Tribunal Militar Superior
Firmó el Tratado de Paz que culmino con el asedio a Montevideo después de 9 años el 8 de octubre de 1851, y fue condecorado por el Emperador del Brasil con la Gran Cruz de la Orden de Cristo

Cuando se volvió al régimen constitucional el 15 de febrero de 1852, Suárez resignó su mando en el presidente del Senado Bernardo Prudencio Berro, por motivos de salud. Se retiró entonces a la vida privada, a su casa-quinta del paraje montevideano del Arroyo Seco, semi arruinada por la guerra.

En 1854 fue elegido senador por Canelones.
En 1858  fue elegidodiputado por Montevideo , pero su poca salud lo obligó a dimitir con lo cual pasó penurias económicas. 
En el año 1861 se le adjudicó una pensión, la cual debido a constantes apuros de los fondos públicos casi nunca pudo cobrar.

En 1862 con ochenta años de edad presidió la Comisión Vecinal encargada por la Junta Administrativa de las Escuelas del Reducto y Paso Molino.
En el año 1866 con ceguera y culminando su vida preside funerales celebrados en la Iglesia Matriz en recuerdo de los Mártires de Quinteros.

Falleció el 26 de diciembre de 1868 a los 87 años de edad y es sepultado en la Catedral de Montevideo, al lado de la tumba del general Fructuoso Rivera.

  HOMENAJES

Fotografía coloreada a mano de la Plaza Independencia hacia 1900. Se aprecia en primer plano el monumento a Joaquín Suárez,También se aprecia el Palacio Estévez, sede el Ejecutivo por más de cien años.



Monumento trasladado a su ubicación actual de Agraciada y Suárez. 

Una ley de 1881 le decretó una estatua, la cual fue alzada en la Plaza Independencia en 1896 y luego trasladada a la actual plaza que lleva su nombre en el solar donde antes asentara su quinta, en una bifurcación de la avenida Agraciada con la avenida hoy llamada Joaquín Suárez.

   
AL GRAN CIUDADANO JOAQUÍN SUÁREZ, ERIGIDO DURANTE LA PRESIDENCIA  Dr JUAN IDIARTE BORDA 

 Medalla En Cobre- Joaquín Suárez -Uruguay
 
Monumento a la Bandera en la plaza 18 de julio de Canelones. 

 Altorrelieve de Joaquín Suárez, en monumento a la bandera ubicado en Canelones.




 Sellos postales de homenaje a Joaquín Suárez



FUENTES:
http://www.escueladigital.com.uy/
http://www.skyscrapercity.com/
http://diarioelcorresponsal.blogia.com/
http://www.mibio.tv/br/